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Existen diferentes técnicas para fomentar el pensamiento creativo de los equipos de trabajos, como el brainstorming o los siete sombreros de pensar. Pero, una vez que los integrantes del grupo han hecho sus aportaciones, ¿cómo elegimos la mejor idea? Para ello, existen diferentes estrategias para la toma de decisiones.

La participación del equipo en la toma de decisiones

En la actualidad, las empresas son cada vez más conscientes de la importancia de delegar en los empleados e implicar a los trabajadores en la toma de decisiones para impulsar la motivación e implicación del capital humano.

Entre las ventajas de esta cultura organizacional, Randstad señala que, cuando se trabaja en equipo, se aúnan las aptitudes de los miembros, se potencian sus esfuerzos, disminuye el tiempo invertido en las labores y aumenta la eficacia de los resultados. “Desde el punto de vista del empresario es importante incentivar la participación en la empresa de los empleados; consiguiendo así una motivación en los empleados que al final se va a traducir en una mayor productividad para la empresa, añade Job&Talent en el artículo La importancia de la participación de los trabajadores en la empresa.

Guía: La importancia de la dirección general en la gestión de personas

De hecho, según el estudio Processus organisationnels et psychosociaux favorisant la participation des travailleurs en santñe et en sécurité du travail, de Marcel Simard, Marie Claire Carpentier-Roy, Alan Marchand y François Ouellet, cuanto más respetados, consultados y escuchados se sienten los empleados, mayor es su disposición a implicarse en la solución de los problemas.

Estrategias para la toma de decisiones

Ahora bien, cuando se potencia la participación de los equipos, la toma de decisiones se convierte en un proceso más complejo, al existir un mayor número de criterios y opiniones a tener en cuenta. ¿Cómo podemos elegir qué opción se lleva a cabo?

Según sostiene Thomas L. Saaty en su libro Toma de decisiones para líderes, las estrategias para la toma de decisiones grupales deben ser de elaboración simples; comprensibles, fácilmente evaluables y dirigidas a propiciar un acuerdo.

En este sentido, existen diferentes estrategias para la toma de decisiones en grupo:

  1. Autoridad. Aunque todos los miembros del grupo participan en el desarrollo de posibles soluciones y en el debate sobre los pros y contras de cada idea, finalmente es una única persona la que decide. Normalmente, el responsable de elegir la alternativa más viable es aquel que ostente la máxima autoridad dentro del equipo de trabajo, ya sea por jerarquía o por su grado de especialización. Se trata de una de las estrategias para tomar decisiones más rápidas y sencillas, al recaer el peso sobre una sola persona, pero también es la que menos impulsa la implicación de los trabajadores, al no ser tenidos en cuenta en ese proceso final.
  2. Mayoría. En este caso, la propuesta ‘vencedora’ será aquella que cuente con más votos de los integrantes del equipo, previa discusión del asunto a tratar. Es un sistema democrático y ágil, aunque reduce las opciones de enriquecer las soluciones con los puntos de vista minoritarios.
  3. Minoría negativa. Entre las estrategias para la toma de decisiones también se encuentra la elección por minoría negativa. Consiste en votar cuál es la propuesta menos idónea de todas las presentadas, eliminándola. El proceso se repite hasta que solo queda una alternativa. Este método, democrático y fácil de aplicar, es especialmente indicado cuando existen muchas ideas, pero pocos miembros en el grupo. Como contrapartida, es algo más tedioso que los sistemas anteriores y el hecho de votar en negativo puede despertar cierto malestar en los proponentes de las opciones eliminadas.
  4. Ranking. Esta técnica se traduce en la suma de las valoraciones de cada profesional. Es decir, si hubiera, por ejemplo, cinco iniciativas, cada miembro del equipo puntúa de 1 a 5 cada una de ella, decantándose finalmente por la más votada. Para llevarla a cabo, se requiere bastante tiempo y puede dar lugar a que se ponga en marcha una propuesta que no satisface completamente al equipo.
  5. Combinación. Persigue alcanzar un acuerdo que represente un ‘término medio’ entre las distintas opciones propuestas, evitando decisiones polarizadas. No obstante, no siempre las ideas van a ser opuestas en términos de ‘blanco o negro’, sino totalmente diferentes, por lo que encontrar ese equilibrio entre unas y otras no es posible. También se corre el riesgo de que la alternativa final sea peor que las propuestas independientes.
  6. Unanimidad. Estamos ante una de las estrategias para la toma de decisiones en equipo más complejas, pero más deseables. En este método, todos los miembros deben mostrar su conformidad sobre una idea para que salga adelante. Como consecuencia, el equipo al completo estará satisfecho con la solución, aunque conseguir este objetivo es, en algunas ocasiones, imposible de alcanzar.
  7. Consenso. Este método es muy parecido al anterior, aunque facilita el acuerdo a través de concesiones de unos y otros profesionales en torno a las ideas innovadoras propuestas. Se trata, por tanto, de negociar las soluciones para que todo el equipo considere la alternativa aceptable. Gracias a la participación, los miembros del grupo se mostrarán implicados en la opción elegida, si bien llegar al consenso es un proceso largo y complejo.

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